ESCUELA INFANTIL EN HARO – ACCÉSIT PROYECTO DE ARQUITECTURA

La geografía como origen La guardería se construye camino de una colina. Su ascenso nos lleva a la frontera urbana de Haro. La llegada resulta ser un lugar sin edificios. Un lugar extraño, quebrado y fragmentado por las líneas de un nuevo vial que no supo de topografía. El paisaje urbano ha desaparecido. Calles y edificios se han convertido en una suma de vacíos delimitados por el trazado de aquella carretera. Su recorrido parece querer anunciar una ciudad que no llega, ni tampoco se le espera. La ciudad es aquí un lugar que no se logra con aquellas calles y edificios dejados atrás. Lo únicos, unos depósitos de agua, unos barracones de animales y un viejo y desvencijado colegio, dan fe de su imposibilidad. O quizá, de otra posible realidad. El resultado de esta extraña geografía urbana, ofrece un lugar de artificiosa irregularidad e indomable pendiente. El urbanista que pensó la ciudad para esta guardería, utilizó como único utillaje aquel vial y una rotonda. Su mano dibujó los límites de la parcela tomando como ley el necesario giro del coche que la debía rodear. Su trazado se abre paso en las entrañas mismas de la colina y salva, casi sin saberlo, doce metros de diferencia de nivel. Quizá por esto la ciudad no se acerca a su frontera, o no sabe cómo hacerlo. No parece éste un lugar de arquitecturas de ciudad. La ciudad como atlas La ciudad abandona sus leyes urbanas por las de una emergente topografía. La imposible ciudad de aquel urbanista se transforma en los planos de un geógrafo, que dibuja ahora un atlas urbano. Este nuevo atlas hace de aquellas líneas de carretera sus nuevas líneas de nivel. De los barracones su naturaleza más viva. Y de los depósitos de agua y nuestra nueva guardería sus últimos accidentes geográficos. La guardería se piensa entonces como arquitectura de estructura mineral. Una arquitectura que ya no se origina en las leyes urbanas de la ciudad dejada atrás. Pensamos en una arquitectura geográfica, que entiende la ciudad como una topografía a la espera de ser nombrada. Estructuras minerales La arquitectura surge pues dictada por leyes cristalográficas. Leyes minerales que restituyen y explican la única ciudad posible en este territorio liminar. La guardería se concibe como una gran roca, una roca hueca. Una roca de estructura mineral y visible a esta nueva ciudad sin edificios. Un nuevo accidente geográfico que, como los depósitos del agua, incorpora y nombra una descubierta topografía urbana. La arquitectura se resuelve entonces como una suerte de cuatro planos plegados de hormigón, convertidos en estructura. Éstos adquieren las leyes y el lenguaje de las grandes lajas de la colina, que la carretera y su rotonda dejaron visibles. En su forma de cristalización, la estructura define la organización espacial de la guardería. Los planos de hormigón, encofrados por el mejor carpintero, promueven la aparición de nuevas y sucesivas cristalizaciones. Son los planos divisorios de aulas y oficinas, que descubren la nueva materialidad que surge entre aquellos primeros pliegues y lajas estructurales. La oquedad como habitación La fuerte inclinación de la parcela cristaliza en dos grandes planos horizontales. El inferior se ancla en la topografía originaria, albergando los espacios de instalaciones y servicios. El superior da habitación a los usos propios de la guardería, que los eleva sobre la topografía originaria. Ambos planos se cruzan con el despliegue de aquellos otros cuatro grandes muros, que organizan el programa escolar. El resultado de su intersección hace de la guardería una continuidad de seis grandes oquedades, que desvelan su interior a través de las fachadas de vidrio como verdadera geografía habitada. Las tres oquedades de mejor orientación dan habitación a las aulas y la administración. El plano de suelo de las aulas se escapa, logrando para éstas un abalconado patio de juegos. La oquedad de sur da lugar a una habitación cálida para el tiempo de la comida. La oquedad que se abre al norte, limita su apertura a una salida alternativa al espacio central. Y la sexta oquedad, situada en el estrato inferior de la guardería, esconde los espacios de servicio. Las oquedades se hacen visibles a través del vidrio, que con ayuda de la estructura metálica y carpintería de aluminio, construye las fachadas de esta roca hueca. Los pilares metálicos construídos a partir de perfiles cerrados marcan el ritmo en los grandes huecos. Tras ellos, sin mostrarse apenas al exterior y valiéndose de la inercia de los pilares a los que se atan, la carpintería de aluminio resuelve los aspectos técnicos y de confort que han de tener los espacios interiores. El acristalamiento surge de manera limpia tras los pilares, alojado en una carpintería casi imperceptible desde al interior. Los tramos más altos que requieren la división horizontal del vidrio, se apoyan en unas pestañas unidas a los pilares, evitando así la aparición de carpinterías horizontales. El ritmo y textura vertical que marca la estructura queda acompañado por la aparición de vidrios siempre verticales. En el interior de aquellas dos oquedades docentes surgen tramposas diagonales, que cruzan la continuidad de sus aulas. Dicho cruce diagonal se construye con la apertura de una continuidad de planos vítreos, que comunican visualmente unas aulas con otras, pero que gracias a sus propiedades acústicas mantienen la independencia de uso necesaria entre ellas. Su aparición duplica la mirada exterior en una oculta mirada interior. Esta nueva mirada descubre, en su pretendida densidad cristalina, una nueva materialidad capaz de anunciar otra realidad. Una realidad que, a buen seguro, la mirada del niño hará mágica.