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Buscar Comunicaciones
En este apartado se han publicado las Comunicaciones presentadas en el Congreso de Arquitectos de España 2009 y cuyos autores han aceptado su difusión. Esta publicación en la web pretende alentar el debate y la participación de los arquitectos sobre los temas presentados en las Comunicaciones.
Su publicación en la web no implica su selección para el Congreso ni los resultados de los comentarios y las valoraciones son vinculantes para su elección o descarte.
285. EL COMPROMISO ÉTICO
285. EL COMPROMISO ÉTICO
Escrito por Antonio García Herrero Viernes, 17 de Julio de 2009 12:48
COMUNICACIÓN
EL COMPROMISO ÉTICO
Los arquitectos estamos preocupados, desorientados. Hacemos un congreso, probablemente, porque no tenemos claro lo que tenemos que hacer. Y no lo tenemos claro porque hemos estado, y estamos, haciendo demasiadas tonterías.
Una acertada frase de Luis Fernández Galiano en su acertadísimo artículo “Exorcismos Urbanos”
"Sí, tenemos la ciudad que hemos querido, y acaso también la que nos hemos merecido. Modelada por colosales fuerzas históricas -demográficas y técnicas-, que la política apenas encauza y la arquitectura sólo hace visibles, la ciudad contemporánea no es una geografía voluntaria, sino la expresión construida de lo que somos".
Siempre habíamos sospechado que la Arquitectura venía a representar principalmente la formalización física de las relaciones y elementos que alberga. Lo dice Luis magistralmente: “…la expresión construida de lo que somos”. Correspondiente a nuestra propia condición.
Sólo que, ahora (y talvez también antes), esas relaciones son mucho más complejas de lo que percibimos a primera vista. Las materializamos sin siquiera percibirlas. Estructuramos nuestra vida y nuestros proyectos desde la pertenencia a una sociedad que nos produce y que nos condiciona. Inconscientemente trasponemos a la Arquitectura nuestras circunstancias y nuestras identidades.
Así que, si la sociedad se organiza en torno a los grandes medios de comunicación (y de manipulación) de masas, la Arquitectura también.
Si la sociedad corrompe los valores éticos y los amolda a las circunstancias e intereses económicos más peregrinos (“colosales fuerzas”) igualmente acaba por desgracia haciendo la Arquitectura. Poco valen las ideas, las convicciones éticas y las teorías formales ante tales estímulos.
Ante la universalidad de los símbolos sociales, la globalización de las “stars” y, simultáneamente, la cada vez más alienada soledad individual frente a las relaciones anónimas, nuevamente la Arquitectura se mimetiza y genera, con carácter planetario, a sus “estrellas”. No son muchas (la memoria es limitada) pero tienen una gran presencia mediática, son conocidas por el público en general y nadie osa siquiera discutir sus realizaciones. Y forzados por los medios y las circunstancias, acabamos imitando, sin el menor espíritu crítico, aquello que se nos presenta como ideal, sin entender que a veces su único valor se encuentra en su propia difusión.
Generadores de estereotipos, modificadores de la forma, fundamentalistas de la singularidad, despilfarradores de las ideas ajenas, mediocres con medios y al servicio del poder, santones de las modas y promotores de la corrupción amenazan con depredar todo lo grande, lo hermoso, lo serio y lo divertido que puede tener la Arquitectura. Sin dudar lo más mínimo en su prostitución con tal de poder ocupar su “nicho ecológico” su agujerillo de gloria, en la cadena de mando del “canal de las estrellas”.
Y ahora estamos preocupados.
Preocupados por el futuro. Y más preocupados que de costumbre, seguramente porque sabemos que ese futuro no puede continuar por este camino errático y mediático.
Porque no podemos continuar despilfarrando el medio natural en soluciones absurdas, en vanaglorias arquitectónicas o ingenieriles al servicio de los grandes depredadores del planeta. Ni que la bandera de la Arquitectura sea enarbolada por personajes egocéntricos y vanos que se nutren del autoelogio y de los medios públicos. Y que además lo hacen, comúnmente, en connivencia con determinadas opciones políticas y económicas siempre partícipes de corrupciones que, en ocasiones, llegan a ser programáticas.
Las estructuras arbóreas de las cadenas de mando y las organizaciones jerárquicas, cimentadoras de las desigualdades, todavía continúan dominando el mundo de las ideas, y provocando situación de dominación y subordinación en las actividades creadoras. El “star-system” también en la Arquitectura.
Frente a ello, sin embargo, la creciente complejidad de nuestra sociedad y de los medios que a pesar de todo, quedan a nuestro alcance, nos puede permitir ahora proponer las estructuras de redes multidimensionales. Constituidas con numerosos enlaces y caminos entre sus elementos y entre todos entre sí, sin subordinaciones ni preponderancias, a semejanza de las estructuras cerebrales, aún siendo más frágiles aparentemente en sus enlaces, sin embargo resultan más estables, libres y eficaces.
Talvez por ahí vaya el futuro. De hecho las grandes transformaciones sociales han empezado siempre históricamente a partir de acontecimientos singulares, inventos aparentemente inocentes pero que modificando los modos de relación, cambiaron la sociedad. El fuego, la escritura, el ascensor, el automóvil, la radio, etc., y ahora ¿internet, las redes de comunicación?
Probablemente no podamos siquiera imaginar lo que ese futuro que nos preocupa nos pueda ofrecer.
Talvez la solución consista en mirarlo sin miedo, intentando volver a aprender de nuestro pasado, de nuestros errores y de nuestros aciertos. También de los errores y de los aciertos de los que nos precedieron.
Aprender de la Arquitectura.
Querían “Aprender de todas las cosas” Denise Scot Brown y Robert Venturi. Es importante aprender de todas las cosas.
Y los arquitectos podemos aprender de todas las cosas. Podemos aprender de la medicina y de la física, de la matemática y de la música, de la pintura y de la bilogía, de la gente, de los niños, de los viejos, y de tantas y tantas cosas.
Quizá de quien más podamos aprender seguramente sea de los propios arquitectos.
Pero no intentemos aprender de las “stars” que ofrecen soluciones “estelares”, “apabullantes”, a problemas “estelares” mediante medios también “estelares”, también “apabullantes”. Esos problemas que sólo preocupan a unos pocos “dominadores” del mundo no son los problemas de la humanidad, no son nuestros problemas. Esos medios, esos alardes ni están a nuestro alcance, ni nos interesan ¿Para qué 1000 m de altura? ¿Cómo 100.000 $ de costo por m2? ¿Pretenden que sus realizaciones sean inimitables?. Pues eso: no las imitemos.
Imitemos y aprendamos de los Arquitectos que se esforzaron y se esfuerzan por ser fieles a su tiempo, por servir a sus semejantes, a la sociedad en que vivieron, que aceptaron y trabajaron desde el compromiso social, para ofrecer soluciones a los problemas y a las necesidades de los seres humanos, de su medio ambiente.
Asumamos con nuestra sociedad este compromiso ético y también el compromiso estético. Que seguramente son lo mismo.
Hacia una Arquitectura.
Hacia una Arquitectura para la libertad y el bienestar, sí, sostenible, de la humanidad frente a la arquitectura “como símbolo de poder”, frente a una arquitectura de la dominación y la alienación de nuestros semejantes.
De manera que, al igual que hiciera en su día J F Kennedy, pienso que, a lo mejor, conviene preguntarnos qué podemos nosotros hacer por la sociedad en lugar de preocuparnos demasiado de qué va a hacer la sociedad por (con) nosotros.
Porque creo firmemente que la regeneración de la ética personal y social, será en los próximos años condición inexcusable para la permanencia del ser humano sobre nuestro medio ambiente, porque creo la propia sostenibilidad de nuestra civilización, incluso su supervivencia, exige el compromiso ético de todos nosotros, entonces creo que la Arquitectura puede y debe ofrecer un firme ejemplo de esa renovación ética y, como en otros tiempos, liderar ese cambio social.
Los arquitectos, como decía recientemente Fernández Galiano, somos los encargados por la sociedad de poner orden en las cosas, de organizar los conceptos, de disponer los espacios, de configurar las formas.
Así que en el cumplimiento ético de ese encargo (gran encargo) tenemos nuestro futuro.
Antonio García Herrero
COAMU - 412
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