Buscar Comunicaciones

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En este apartado se han publicado las Comunicaciones presentadas en el Congreso de Arquitectos de España 2009 y cuyos autores han aceptado  su  difusión.  Esta publicación en la web pretende alentar el debate y la participación de los arquitectos sobre los temas presentados en las Comunicaciones.

 

Su publicación en la web no implica su selección para el Congreso ni los resultados de los comentarios y las valoraciones son vinculantes para su elección o descarte.

 


278. HACIA UNA ARQUITECTURA DEFENSIVA

278. HACIA UNA ARQUITECTURA DEFENSIVA

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RESUMEN:
Conforme va evolucionando la Sociedad en que vivimos, podemos apreciar un aumento de la disposición de los ciudadanos a reclamar por todo lo que puedan considerar que afecta a sus derechos. La actividad profesional de los arquitectos, implicada especialmente en el proceso de construcción de viviendas y otros edificios utilizados permanentemente por los ciudadanos, nos lleva a estar en el punto de mira de gran parte de las reclamaciones relacionadas con el sector de la construcción. La importancia de las responsabilidades que se nos pueden exigir como resultado de nuestra actividad profesional, y las cuantiosas indemnizaciones a que pueden dar lugar, nos llevan a la necesidad de fortalecer nuestros esquemas de ejercicio profesional para que, además de hacer bien las cosas, tengamos los medios para probar nuestro buen hacer en el caso de que se llegue a plantear una reclamación.

COMUNICACIÓN
El vigente Código Civil cita expresamente al arquitecto como posible sujeto de responsabilidad en los artículos 1591(1) y 1909. Desde su aprobación en 1889 hasta hoy, numerosas disposiciones legales han ido precisando diversos aspectos de la responsabilidad del arquitecto en el ejercicio de su profesión. Más recientemente, la entrada en vigor de la Ley 38/1999 de Ordenación de la Edificación y el Real Decreto 314/2006, de 17 de marzo, por el que se aprueba el Código Técnico de la Edificación concretan el entorno legal en el que se desenvuelve nuestro ejercicio profesional.

Teniendo en cuenta que hasta ahora el grueso de la actividad se ha centrado en la redacción de proyectos y dirección de obra, muchas han sido las recomendaciones que se han hecho llegar a los arquitectos, desde las instituciones que les son afines, en forma de cursos, fichas o publicaciones, para mejorar la calidad de los proyectos.

Inmersos en la tupida maraña de disposiciones legales que afectan al ejercicio profesional y las responsabilidades exigibles por clientes y usuarios, los arquitectos han ido elevando la calidad del servicio prestado y, al mismo tiempo, se han visto obligados a desarrollar mecanismos de defensa para el caso en que los resultados no se produzcan de acuerdo con las buenas intenciones del proyecto.

Es oportuno hacer un recuento de diversos aspectos que puedan ayudarnos a evitar que llegue a producirse una reclamación en nuestra contra o, en última instancia, a facilitar la defensa exitosa de nuestra actuación profesional cuando sobreviene la reclamación. Para ello, podemos analizar los sucesivos pasos que se van produciendo desde el encargo del trabajo hasta su conclusión, haciendo hincapié en algunos de esos aspectos.

El encargo del trabajo y la relación con el cliente.
La confianza del cliente en su arquitecto es un elemento clave en el buen fin del trabajo. Para fortalecerla es útil el trabajo metódico y riguroso del profesional. Éste deberá tener en cuenta las necesidades de su cliente y aconsejarlo convenientemente, valorando al mismo tiempo la importancia de:

• Redactar un programa detallado por escrito.
• Conocer la disponibilidad económica del cliente para acometer el trabajo solicitado.
• Realizar un proyecto realista y ajustado a las necesidades del cliente.
• Realizar una valoración realista de costos hasta la conclusión de los trabajos.
• Explicar el importe de los honorarios y forma de pago.
• Explicar al cliente cuales son sus responsabilidades y obligaciones como promotor (tramitación de permisos u obligaciones de seguridad y salud).
• Recomendarle que estudie la contratación de un seguro adecuado.
• Solicitar del cliente que identifique con claridad la finca y que acredite su titularidad o derecho para hacer la obra.
• Contar con una empresa contratista bien cualificada y asegurada para la ejecución de la obra y recomendar al cliente que redacte un contrato sólido.

En las primeras fases del trabajo, resulta fundamental establecer las aspiraciones y limitaciones del cliente para afrontar la construcción del edificio que necesita. Este proceso debería concluir en la formalización escrita de un programa de necesidades. El profesional no debería iniciar un trabajo antes de estar seguro de las necesidades de su cliente. A partir de este punto, conviene establecer unos hitos desde los estudios preliminares hasta el desarrollo completo del proyecto de ejecución y formalizar la aprobación de las sucesivas etapas previstas. Se deben plasmar las condiciones en un contrato, especificando detalladamente las misiones de cada interviniente, en el que deben evitarse compromisos sobre el costo final de las obras y el establecimiento de fechas de entrega que dependan de la actuación de personas u organismos ajenos al profesional, caso de la obtención de licencias. Es muy importante, en cualquier caso, fijar con claridad los términos y condiciones del encargo en el contrato.


El buen fin de la construcción de un proyecto está condicionado por la actuación dentro de las posibilidades económicas del cliente. Si el costo de las soluciones previstas en el proyecto desborda la disponibilidad económica del cliente, posiblemente se producirán problemas. En unos casos, la imposibilidad material del cliente para abordarlo puede desembocar en una reclamación. En otros, la implementación de calidades inferiores a las previstas inicialmente, con el fin de abaratar el costo, es el origen de posteriores reclamaciones.
En el curso de los trabajos, es importante reflejar por escrito la solicitud de modificaciones de la obra por parte del cliente, la valoración del costo que pueda comportar y la aprobación de las soluciones propuestas.

Lo imprescindible en el proyecto y la ejecución.
Para formalizar un proyecto es preciso comprobar previamente la existencia de servidumbres y aplicar rigurosamente la normativa urbanística vigente. Hay que contar con los datos y estudios técnicos necesarios redactados por profesionales competentes, como el levantamiento topográfico o el estudio geotécnico. Es primordial la cualificación y aseguramiento de los técnicos que intervengan en distintos aspectos de la obra. La asunción como datos de partida de los informes de otros técnicos no debe estar exenta de un análisis crítico, para aclarar toda duda o discrepancia que pueda producirse con las determinaciones del proyecto.

No debe iniciarse una obra sin haber obtenido los permisos correspondientes y adecuados a la obra que pretende ejecutarse. Cuando un trabajo previo implica la ejecución de obras o catas es importante asegurarse de que también están cubiertos por la póliza contratada. En caso de modificaciones relevantes debe obtenerse sin dilación la autorización correspondiente y evitar la continuación de trabajos que pudieran resultar inválidos.

Es imprescindible el seguimiento regular de la obra, con presencia en los momentos significativos y en todos aquellos trabajos que posteriormente quedarán ocultos y la documentación fotográfica de todas las fases de construcción. Debe evitarse que la Propiedad de órdenes directamente a la Contrata. Es muy importante documentar correctamente la ejecución de las obras en el libro de órdenes o en actas donde se reflejen y firmen todos los agentes constructivos implicados.

La emisión del certificado final de obra y su recepción por la Propiedad son actos formales de gran importancia, que dan fecha al devengo de honorarios de dirección y al inicio de las garantías legales. Debe verificarse que todos los trabajos de los contratos de obra estén acabados y correctamente ejecutados. A pesar de que la recepción de la obra concierne a la Propiedad, es esencial el asesoramiento del arquitecto en esta fase. Debe evitarse la emisión del CFO en tanto queden pendientes trabajos , así como la certificación de trabajos que han sido encomendados a otro profesional o el arquitecto no ha dirigido.

Que una obra este paralizada, no implica que se suspendan las responsabilidades exigibles a los técnicos.


Cuando un edificio se termina comienzas las obligaciones de mantenimiento de los usuarios del mismo. Es muy importante que estas obligaciones se reflejen con detalle suficiente en el libro del edificio correspondiente.

El aseguramiento de la responsabilidad civil profesional.
Además del ejercicio responsable de la actividad profesional por parte del arquitecto, la continua elevación del nivel de exigencias de la sociedad en que vivimos y el entramado legal que se va desarrollando en consecuencia, nos llevan a la necesidad de un adecuado aseguramiento de la responsabilidad civil profesional. Para ello deben tenerse en cuenta aspectos como la existencia de especialización en el tipo de trabajos acometidos, la forma de abordar el trabajo individualmente, en equipo o en sociedad y el nivel de cobertura adecuado a la forma de trabajo y volumen de actividad del arquitecto.


Por último, en el actual entramado de responsabilidades solidarias es conveniente asegurarse de que el resto de agentes de la construcción disponen de una política de gerencia de riesgos y de aseguramiento de los mismos tan meticulosa como la nuestra. Su seguro, en definitiva, es también parte del nuestro.

Santander, 27 de marzo de 2009

 

1 C.C. Artículo 1591: El contratista de un edificio que se arruinase por vicios de la construcción, responde de los daños y perjuicios si la ruina tuviere lugar dentro de diez años, contados desde que concluyó la construcción; igual responsabilidad, y por el mismo tiempo, tendrá el arquitecto que la dirigiere, si se debe la ruina a vicio del suelo o de la dirección. Si la causa fuere la falta del contratista a las condiciones del contrato, la acción de indemnización durará quince años.

 

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