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En este apartado se han publicado las Comunicaciones presentadas en el Congreso de Arquitectos de España 2009 y cuyos autores han aceptado  su  difusión.  Esta publicación en la web pretende alentar el debate y la participación de los arquitectos sobre los temas presentados en las Comunicaciones.

 

Su publicación en la web no implica su selección para el Congreso ni los resultados de los comentarios y las valoraciones son vinculantes para su elección o descarte.

 


151. ANÁLISIS SOBRE LA VIVIENDA MÍNIMA

151. ANÁLISIS SOBRE LA VIVIENDA MÍNIMA

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RESUMEN
Uno de los temas candentes en la actual situación socio-política que rodea al ejercicio de la profesión
es la figura de la vivienda mínima. Como base de este de debate y de las líneas de investigación que
pudiera abrir esta materia, proponemos los siguientes puntos a analizar:
_Definición de Vivienda mínima. Espacio físico acotado. Espacio mínimo con objeto de habitar
_Historia reciente del concepto. Posguerra. Reconstrucción. Migración. La Modernidad.
_Análisis de la situación actual. Necesidades para la vivienda en la actualidad. Contexto social.
La Normativa y el Mercado como limitación.
_Conclusiones. Soluciones a los problemas actuales y adecuación al futuro.


 

COMUNICACIÓN

Análisis sobre la vivienda mínima

Una introducción sobre la vivienda mínima
Más allá de polémicas sobre políticas sociales, la vivienda es una necesidad humana ancestral. La vivienda es un hecho intrínseco en la humanidad y por tanto un hecho social.

Abordándolo desde aquí el concepto de vivienda mínima no afecta simplemente a aspectos del tamaño de ésta. La vivienda mínima podría ser concebida como el conjunto de elementos espaciales, tecnológicos, de relación y de uso mínimos necesario para habitar, en un lugar determinado, en un momento determinado, en un contexto social determinado y en un contexto personal (o íntimo) determinado. Así, al igual que una pompa de jabón tiende a tomar una forma esférica (la forma geométrica en la que menos energía consume para mantener su disposición), un estudio exhaustivo de los conceptos antes citados tenderían a una solución óptima de aprovechamiento del espacio disponible para las necesidades requeridas, en un contexto determinado.

Por este hecho, la necesidad y la escasez de medios es la primera precursora de la aparición del concepto de la vivienda mínima. Cuando la vivienda se convierte en un problema social, aparecen soluciones de manera casi “espontánea”, como en la naturaleza cristaliza un mineral en unas condiciones determinadas.

Pero que un espacio sea muy pequeño o que esté aprovechado hasta el último rincón, no significa que sea vivienda mínima. La vivienda mínima no es una reducción de escala de una vivienda tradicional. La vivienda mínima es el resultado de un estudio profundo, y cuando los criterios no son los correctos, pueden derivar en espacios ineficaces o incluso insalubres, o en focos de hacinamiento. Por eso, entrará en nuestra definición de vivienda mínima aquellas que tendiendo al aprovechamiento óptimo del espacio para sus necesidades, este aprovechamiento se realiza en base a un estudio y a unos criterios racionales.

El interés del máximo aprovechamiento del espacio no deriva solamente de la insuficiencia de medios. Hay otras circunstancias en el que el hombre ha tirado de su imaginación para encontrar el espacio mínimo necesario para habitar en unas circunstancias determinadas.

Así los grandes medios de locomoción colectiva (barcos, aviones, submarinos…), los centros penitenciarios, e incluso los modos de vida monacal, han estudiado durante toda la historia, por distintos motivos, los modos de optimizar sus espacios vitales.

El espacio físico
Esto nos lleva a hacernos una pregunta: ¿Cuál es el espacio físico mínimo para habitar sin ser “demasiado pequeño”? Partamos de que el espacio existe como un hecho acotado por determinadas circunstancias que nos mueven a tener que organizarlo. Esta organización tendrá que suponer unos mínimos necesarios para que podamos considerar ese espacio como habitable. La respuesta dependerá de a quién se le haga la pregunta, es decir, de los diferentes contextos.

Las soluciones parten de la tradición, de la experiencia de del estudio del espacio y del ser humano.

Desde siempre se han hecho estudios ergonómicos del espacio (como son los casos de Parker-Morris, Peter Neufert o el mismo Le Corbusier), y el resultado ha sido un moldeado del espacio para hacerlo habitable al hombre. Pero dada la subjetividad del concepto de mínimo necesario, trataremos de centrarnos en el concepto de vivienda orientada a nuestra sociedad, al día a día, a lo que como arquitectos nos encontraremos habitualmente.

Un repaso a la historia reciente
Al finalizar la Primera Guerra Mundial Europa estaba en crisis económica y moral. Hacía falta reconstruir las ciudades, y habría que hacerlo siguiendo unos patrones distintos a los tradicionales, basándose ahora en una funcionalidad rabiosa naciente de las vanguardias y apoyados en la tecnología naciente. Figuras como Hermann Muthesius (con su publicación Casa mínima y Barrio mínimo) empiezan a desarrollar y a llevar a la práctica teorías basadas en el aprovechamiento mínimo, tanto a nivel de agregación morfológica de las viviendas, creando los nuevos barrios, como al nivel individual tipológico de las viviendas. Se convocan congresos (CIAM), debates, asociaciones, mentes pensantes dedicadas a levantar de nuevo las ciudades, y a aprovechar para hacerlo según nuevos criterios, como eran la salubridad, el abaratamiento de la vivienda, la construcción sencilla y rápida, la producción en serie, el aprovechamiento de las orientaciones, etc.

En España, sin embargo, la crisis económica afectó de manera muy diferente al país. Había permanecido al margen de la Primera Guerra Mundial, por lo que la reconstrucción no era necesaria. El problema de la vivienda nacía del movimiento migratorio del campo hacia las ciudades. Desde 1911 en España estaba vigente la Ley de Casas Baratas. El planteamiento de esta ley consistía en atender a las necesidades habituales de la familia reduciendo el modelo de las piezas que pertenecían a unas tipologías arcaicas y obsoletas, alejados de cualquier innovación técnica o arquitectónica. Este hecho provocaba que la construcción de nuevos barrios y núcleos de población, aún siendo subvencionados, garantizando los mínimos metros cúbicos necesarios, hicieran inviable el abaratamiento de las viviendas, logrando que los barrios de resultado fueran accesibles, no para aquellos para quienes habían sido destinados, sino para las clases acomodadas, con lo que los beneficiados eran éstas y los constructores y promotores, primando el interés particular frente al general.

Alarmados por esta situación, personajes como Amós Salvador o Fernando García Mercadal, que conocían lo que estaba sucediendo en el resto de Europa, reaccionaron y actuaron no sólo en misión crítica, sino también en misión informativa al resto de la comunidad de arquitectos, y desarrollando una línea de investigación dedicada a la causa.

A pesar de los grandes esfuerzos como los de Amós y Mercadal avisando de que había que cambiar las disposiciones legales y normativas, abaratar los costes y mejorar la calida de vida, hasta 1976 no se consiguió introducir en la Ley de Viviendas de Protección Oficial la mayoría de los parámetros que defendieron los arquitectos en los años veinte, cuando se incluye el concepto de “mínimo confort deseable”.

Aún así el debate se había abierto y con lo dispuesto por Amós y Mercadal, le sucedieron los arquitectos de la “generación del 25” con las publicaciones que sentaron las bases de las teorías de éstos o los miembros de GATEPAC que en 1932 publicaron “Lo que entendemos por vivienda mínima”. Es este un debate que permanece en nuestros días.

Un repaso a la actualidad
Medio siglo después de los postulados de Salvador se llegó al subjetivo concepto de “mínimo confort deseable”. Pero en la actualidad la familia y el modelo familiar están en permanente transformación. La sociedad y el contexto no son fijos. La tecnología avanza, el consumo se dispara, las relaciones cambian, las necesidades también. No se busca el “confort mínimo”, sino que se tiende al máximo.

En la actualidad aparecen nuevas trabas para el desarrollo del concepto de vivienda y la optimización del espacio: El espacio como objeto de mercado y el espacio como elemento bajo una normativa.

_La Normativa: Como antaño, los resultados en el ejercicio de la creación de los espacios para habitar están limitados por la ley y la normativas, por el concepto de “espacio declarado mínimo”. El Plan de Vivienda de 2005, o, a nivel autonómico, las HD-91, van marcando unas pautas al arquitecto que determinarán el resultado tipológico final. Perdida la confianza de la sociedad en el buen criterio del técnico, a éste se le esclaviza con

unas pautas, que si bien limitan y acotan las posibilidades del Promotor de especular con el espacio más allá del famoso “confort mínimo” niegan el desarrollo y la experimentación acerca de nuevas maneras de ordenar el espacio, de llegar a un confort aún mayor con menos recursos..

_El espacio como mercancía: En el último “boom” inmobiliario nos encontramos con un crecimiento vertiginoso de la oferta. El espacio se convierte en m2, las viviendas en número de pisos por plantas. Cada centímetro cuenta, y vale su peso en oro. Por tanto los mínimos se convierten en los mínimos a ofrecer para sacar los máximos beneficios, aprovechamiento total del producto ofrecido. El promotor decide cuál es la oferta. La demanda, la sociedad, se amolda y busca lo menos malo.

Una mirada al futuro
La historia se repite y prevalece el interés particular ante el interés general. Pero las normativas pueden y deben revisarse. El espacio no lo dicta un papel. El “mínimo” es un concepto relativo y no tiene por que ser “lo mínimo” o “lo peor”. El mercado no está por encima de la arquitectura. La demanda como concepto real, como necesidades comunes de una sociedad debe ser objeto de estudio -como ya hicieran Muthesius, o los modernos como Albert Frey o Le Corbusier- y la oferta resultado de dicho estudio.

Como sucedía en los duros principios de siglo XX, el debate y las líneas de investigación deben seguir abiertas.

 

 

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