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En este apartado se han publicado las Comunicaciones presentadas en el Congreso de Arquitectos de España 2009 y cuyos autores han aceptado  su  difusión.  Esta publicación en la web pretende alentar el debate y la participación de los arquitectos sobre los temas presentados en las Comunicaciones.

 

Su publicación en la web no implica su selección para el Congreso ni los resultados de los comentarios y las valoraciones son vinculantes para su elección o descarte.

 


044. EL INTERÉS COMO HABILIDAD A POTENCIAR EN LOS PROCESOS

044. EL INTERÉS COMO HABILIDAD A POTENCIAR EN LOS PROCESOS

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RESUMEN
(dentro del bloque: ”Nuevos arquitectos y nuevas formas de ejercicio”)
Se propone la habilidad del “interés”, señalada en su día por Bertrand Russell como una de las más relevantes para ser feliz, como la primera de las cinco habilidades que construyen la llamada Metodología del Disfrute. Los arquitectos, por lo amplio y abierto de su disciplina, se enfrentan habitualmente a estímulos de muy diferente naturaleza, lo cual invita a pensar que cuanto más abarque su abanico de intereses, más fácil será que consigan establecer procesos proyectuales abiertos con un alto grado de interés personal.
Navegando por este dilatado campo del interés, las maneras de operar de Charles y Ray Eames son un claro referente. Los Eames amplían su campo de acción mucho más allá de la mera arquitectura, vinculándose con personajes en la vanguardia de investigación en diferentes disciplinas e interesándose a fondo por los conocimientos, inquietudes y entornos culturales de sus clientes.
Se propone para el congreso de arquitectos de España 2009, el “interés” como una habilidad clave a ejercitar y a fomentar en los nuevos procedimientos de generación de arquitectura contemporánea.

COMUNICACIÒN

Se propone la habilidad del “interés”, señalada en su día por Bertrand Russell como una de las más relevantes para ser feliz, como la primera de las cinco habilidades que construyen la llamada Metodología del Disfrute. El interés personal en el objeto de trabajo genera en el sujeto una implicación especial. Los arquitectos, por lo amplio y abierto de su disciplina, se enfrentan habitualmente a estímulos de muy diferente naturaleza, lo cual invita a pensar que cuanto más abarque su abanico de intereses, más fácil será que consigan establecer procesos proyectuales abiertos con un alto grado de interés personal. En la primera mitad del siglo XX, Bertrand Russell ya avanzaba este concepto aplicado a la vida cotidiana.

“El secreto de la felicidad es éste: que tus intereses sean lo más amplios posible y que tus relaciones a las cosas y personas que te interesan sean, en la medida de lo posible, amistosas y no hostiles.”

Con este “secreto de la felicidad”, que dejará una huella en muchas de las generaciones posteriores a Russell, se alude directamente al concepto de interés, y desde el Movimiento Disfrutista se continuará promoviéndolo como una de las principales habilidades a desarrollar en los procesos. Los intereses del disfrutista han de ser abiertos, receptivos, maleables y, como indica Russell, lo más amplios posible. Es lógico pensar que aquel arquitecto que muestra interés en muchos ámbitos diferentes, con alta intensidad y frecuencia, será más susceptible de captar elementos de refuerzo para el propio proceso de proyecto, así como de desarrollar sistemas de trabajo más abiertos.
Navegando por este dilatado campo del interés, las maneras de operar de Charles y Ray Eames son un claro referente. Los Eames amplían su campo de acción mucho más allá de la mera arquitectura, vinculándose con personajes en la vanguardia de investigación en diferentes disciplinas e interesándose a fondo por los conocimientos, inquietudes y entornos culturales de sus clientes. Los Eames tienen una percepción atenta de la realidad que surge en parte de esta multiplicidad de intereses. El coloquialmente llamado Black Book es uno de los legados monográficos más completos de la arquitectura y el diseño del siglo XX; en él se pone de claro manifiesto la pasión de los Eames por el registro de acontecimientos, dejando continuamente rastros de disfrute que van construyendo la historia de sus proyectos. Se trata de documentos cuidadosamente organizados en orden cronológico, año por año, lo cual constituye un valioso documento para la comprensión de cada proceso. En estos rastros se detecta un quehacer proyectual ligado a la naturalidad de la acción, a la implicación y a la fruición. En definitiva, ante la exuberancia de su trabajo se puede pensar que el interés es más una actitud de partida que una consecuencia de las circunstancias de cada encargo. Frente al lamentista, cuya actitud es la de esperar un grado de interés derivado de los agentes externos que lo rodean, el disfrutista posee una capacidad inherente para interesarse ante cualquier situación que se le presente.
Se propone un breve repaso por la multitud de imágenes de disfrute cotidiano que se tienen al alcance de la mano gracias a la obsesión de Charles y Ray Eames por fotografiar y filmar todo acontecimiento a su alrededor. Este interés profundo por el registro se convierte en una actitud habitual, una especie de posicionamiento vital hacia la acción. Entre sus documentos, aparece una imagen de Charles en Cranbrook con su cámara (1939) [1] donde se percibe esa simultaneidad entre satisfacción visceral e inquietud proyectual, que surge ante la idea de lanzarse a grabar. Gracias a esta actitud, la trayectoria profesional de los Eames ha dejado tras de sí un legado de huellas que permiten, décadas después de su muerte, indagar en sus procedimientos.

El interés es quizás, de las cinco habilidades propuestas en la Metodología del Disfrute, la más compleja de definir sin parámetros autoreferenciales. Desde su origen latín (interesse, importar) el concepto de interés se relaciona con lo que uno percibe como importante, aquellos elementos que cada individuo ubica en el conjunto de asuntos que le importan. Desde otras miradas, el interés alberga intensas cualidades conectivas. Según Fernando Savater, por ejemplo, interés es “lo que está entre” (inter, entre y esse, ser), por ejemplo lo que está entre una persona y otra, entre una persona y un acontecimiento, o entre una persona y un proyecto. El interés proporciona inmediatamente una fuerte conexión entre dos partes, un nexo difícil de debilitar.
Los Eames establecen constantemente conexiones múltiples con lo que tienen alrededor, tejiendo una red de intereses que se extiende progresivamente a medida que sus procesos se van desarrollando. Con su mirada atenta, saben captar los estímulos que se les presentan en el día a día y establecer un dialogo productivo con ellos. Los Eames construyen una actitud en la que los momentos de disfrute cotidiano son también momentos de gran implicación proyectual; se trata de una actitud ante la vida, la actitud del disfrutista. Los Eames entienden la realidad como un juego y una gran parte de su producción es resultado de ese devenir cotidiano, de modo que cualquier pretexto como elaborar un regalo para un amigo, una careta para una performance o un juego para niños, en cualquier evento diario, por pequeño que pudiera parecer, se condensa una gran energía proyectual. El interés profundo en las acciones cotidianas queda bien definido en algunas palabras de Charles, que deja claro su posicionamiento antielitista sobre el interés colectivo:

“no creo en esa idea de una minoría superdotada, sólo en gente realmente interesada en lo que están haciendo.”

Este interés que Charles demanda de la gente corriente está latente en su propio trabajo, incluso en lo que aparenta ser casual. En la mayoría de esas imágenes de celebración cotidiana que nos han legado, se palpa un aire de disfrute espontáneo; sin embargo, si se indaga y se profundiza se puede encontrar una preparación donde se hibridan la naturalidad y el interés. En esta búsqueda dirigida, aparece una fotografía de 1947 en la que Charles y Ray están tumbados boca arriba con los brazos abiertos, atrapados entre las estructuras de las sillas DCM para Herman Miller [2] . Esta imagen difiere notablemente de la anterior, e inmediatamente surgen preguntas que resonarán durante toda la indagación en el mundo Eames: ¿Se trata de un momento casual?, ¿cuál es realmente el nivel de espontaneidad de la acción?


1

2

A pesar de la naturalidad aparente de sus sonrisas, la situación está evidentemente trabajada: los dos aparecen con camisas de cuadros a juego, los ejes de sus respectivos cuerpos coincidiendo con las juntas del pavimento, las sillas cuidadosamente dispuestas reforzando y rompiendo al mismo tiempo la simetría, el sol bajo que permite a las sombras ser parte importante de la composición. La capacidad poética de la imagen materializa un momento eminentemente disfrutista. El cuidado y la implicación se simultanea con el desenfado y la despreocupación. La situación se construye, los pensadores son actores, y todo ello revela un profundo interés que, a pesar de la premeditación, está plagado de naturalidad.
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